Darkside

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domingo, 9 de junio de 2013

EL ARTE COFRADE II


El arte cofrade consiste envolver el rostro de la Santísima Virgen en un complejo embalaje de tradición, buen gusto y amor de sus hermanos de manera que no pueda haber nada más bello para el que lo vea con el corazón abierto y sin prejuicios.

Tan arte cofrade es poner el encaje en el rostrillo como servir cervezas en la barra de una verbena para el servicio de los pobres. Arte cofrade es cincelar un candelabro, y  también  sonreír al hermano que necesita una sonrisa.

Arte cofrade es bordar  un manto como pasarle la aspiradora una noche de Cuaresma.

Es tallar una voluta como vender una papeleta para pagarle al tallista.

Es estar pendientes de que los penitentes y los espectadores sepan el  por qué de llevar un cirio encendido.

Hay que tener mucho arte cofrade para dar un pasito a la izquierda bien dado. Y Hay que ser un artista de la comunicación para pedirlo en la forma adecuada cuando se es capataz o mayordomo.

Y hay que tener mucho arte cofrade en el cuerpo para ir todos los domingos a misa y cantar ‘’Pescador de hombres’’ o ‘’Santo , Santo’’. Tanto como el saetero que desde el balcón o delante del trono reza un martinete jondo .
El artista cofrade hace simbiosis con la madre naturaleza y transforma el producto de la hermana abeja en la más alta ''maría''  como  Francisco de Asís le inspiraría. Y conjunta flores para demostrar que se puede colaborar con la creación y no destruirla.

Los artistas de lo cofrade estamos dispuestos a mostrar año tras año la Pasión y Muerte de Nuestro Señor de una manera tal que sutilmente el que nos vea sepa que en realidad estamos ya celebrando  la Esperanza  en la Resurrección.

Que no tenemos más remedio que representar a Cristo flagelado, pero los flagelos los hacemos de pega.  Y las espinas de las coronas las despuntamos sin que se note. Y las cruces  se diseñan de tal modo que  el peso se transmita vectorialmente a través de invisibles líneas de fuerza que terminan en nuestros hombros y no en el hombro de Nuestro Señor. Que lo atamos a la columna, pero con hilos de oro y seda y en un fuste de nácar , carey y plata.

Que nublamos la ciudad de incienso no tanto para que huela como para la nube de sahumerio difumine el rostro sufriente del Cristo o el malo malísimo del sayón. Que ese rostro de Dios es el que luego veremos pidiéndonos ayuda en el Cáritas parroquial o en la puerta de la Iglesia.

Hay quien ha mamado el arte cofrade y hay quien se acerca a la cofradía sin intermediarios.

Hay a quien le resulta fácil y a quien le supone un esfuerzo considerable.
Y hay quien se cree artista sin serlo y quien se cree más artista que nadie.

Pero el mundo cofrade es muy grande y cada uno de nosotros, los cofrades, un minúsculo granito de arena en un mundo donde todos somos necesarios , pero nadie es imprescindible.

 

 

 

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